Monday, March 27, 2006

Amigos de Sara. Peregrinos como niños.



Sara es actriz.

Tuesday, March 21, 2006

FatherandaughterI

Tengo algunos dibujos.

Fatherandaughter II

También una poeta favorita:

Recuerdo bien el ambiente, la cena espumosa y florida, los vestidos de las niñas como limoneros con flores, y a mi padre que contaba historias de lobos, de cuando él cazaba lobos al norte de la ciudad de… y a mi madre y su vieja corona de hierro con un solo rubí y las moscas nocturnas, grandes y solitarias, proyectando su sombra sobre los panes y sobre las lámparas –quizá de qué cadáver provendrían, de qué macabro panal- y los rumores nocturnos, leves en la puerta y en la chimenea; acaso un precioso ratón blanco rodaba desde el pinar a la chimenea, o una gacela, recién salida del bosque, venía a yantar las azucenas.

Las historias se agolparon de súbito, comenzó la visión. El personaje transitaba de espaldas; pero yo le veía la nuca armoniosa y casi le reconocía, oh, ¿no era aquel primo hermano de mi madre ¿Aquel amigo preferido de la casa? ¿o mi primer novio? ¿o quien nos había salvado hacía tiempo en una tarde de lobos? Me atrevía a interrumpir a mi madre; ella se volvió –el rubí sobre las cejas- entre interrogando y distraída. Y yo: ¡Mariano Isbel! Porque de súbito recordé el nombre, y me pareció que con eso estaba ya todo dicho. ¡Mariano Isbel! El personaje me volvía el rostro oscuro, los ojos brillantes.

Oh, sí, era aquel amigo preferido de la casa, y mi primer novio. Y rescaté la tarde, con trigos y con lilas; y el viejo carromato y las niñas, cuando fuimos al horizonte, y Mariano Isbel nos salvó a todos de la sombra de un lobo. Oh, y después se había muerto. Después se había muerto. Clamé: ¿Cómo nos hemos olvidado de Mariano Isbel?... ¿Pero cómo nos hemos olvidado?...

Todos me miraban entre interrogando y distraídos. Y como las lágrimas me inundaron el rostro, las criadas me llevaban desde la mesa a la alcoba. Oí los rumores y los himnos del final de la cena, las enaguas de flores de mis primas que se recogían, el paso de reina de mi madre. Lloraba tratando de retener el sollozo; pero, las lágrimas me inundaron el hombro, las sábanas, y así, empecé a llorar a gritos, enloquecida; y mi madre se arrodilló y me tomó los hombros, y me decía: -Niña, pequeña mía te vas a volver loca. Mira que te vas a volver loca. Nombras a alguien que nunca existió. Hablas de alguien que nunca existió.

Y lo terrible era que en lo hondo, yo no ignoraba que ella decía la verdad. Haciendo un esfuerzo supremo me rehice y sonreí. Entonces, ellos se iban y se llevaban las lámparas. Del otro lado de los vidrios, la luna se encendió y me envío algo blanco, una avecilla, un patito de dulzuras, que me entró en la sangre, en el corazón. Iba a volverme feliz, y a cerrar los párpados , cuando allí en la media sombra, sobre la vieja arca, sentado, rígido, vi a Mariano Isbel que me dijo: -Llórame.

No me parezco a mi hermano, pero soy igual al dibujo de Sara.

Monday, March 20, 2006

Cumpleaños Nº 14:
L1 y L2 se fotografían a sí mismos.
(mamá: este niño realmente está muy grande) (o yo encogí??)
KARA (imagen preliminar de un espacio vacío)

Nuestra mesa siempre fue un desastre. No sabíamos oler el vino. No sabíamos beber el vino. Tal vez por eso los demás volvían la vista hasta que quedábamos pequeños. Sara, Fran y yo irreconocibles, diminutos, estirando los brazos hacia las lámparas de la casa. Nuestro dios: también pequeño, insecto blanco que sabíamos: se alimentaba de luz.

Antes, cuando ella decía a la madre que era hija de duende y mujer de duende, la madre lloraba; ahora, cuando lo decía a Roberto, Roberto no quería entenderla.

Friday, March 10, 2006

Un Mundo Raro I



Sara quería dibujar el mundo.

Se subía a los árboles y les dibujaba manzanas, miraba el cielo y le dibujaba estrellas, las flores y les dibujaba vestidos.
Dibujó tanto que un día sus pequeños dedos se transformaron en barras de tiza.
Todos los niños del barrio eran sus amigos porque Sara les dibujaba caramelos.
Un día, cansada de haber dibujado un zoológico para su hermana, Sara se dio cuenta de que la vida era como un gran pizarrón verde.
Entonces salió a la calle y dibujó su propio cielo. Con estrellas, tres lunas y cuatro arco iris con forma de círculo.

1,

2, 3,

4, 5,

6, 7,

8, 9:

el cielo de Sara.

Thursday, March 09, 2006

Sara te das cuenta como hay un día que parte la vida en dos. Ser espectador de ese día deja también una fisura. No es dolor, sólo una grieta como la que mirábamos de niñas en el muro. Las dos calladas (cosa rara).

Son esas grietas las que te hacen pensar en sistemas de protección, en gestos. Para los tuyos, que no son tantos. Si finalmente son los mismos con los que aprovechabas el sol en los recreos. Se sumaron dos o tres que eran igual a esos y no más (el resto nombres, caras que alguna vez pensaste podrían partir tu vida en dos, pero que ahora ves de lejos, veladas)

Porque cuando te das cuenta de que el tiempo es poco, vuelves por abrigo, no se a dónde, pero vuelves a algo.

Tuesday, March 07, 2006

Hoy enterramos a Pancho, el novio y compañero de Marisel.
No sabemos por qué alguien elige tomar un día su auto y bajar en un cerro de una cuidad como esta para no volver a salir nunca. No sabemos lo que piensa en el trayecto. No sabemos nada de una despedida como esa. Pensaba en ella o tal vez ya no pensaba en nada. Los que estudian a los suicidas dicen que hay un momento previo al abandono de la vida en que se abandonan los lazos y los pensamientos.
Y yo creo no entender pero intuyo que los que estudian a los suicidas no saben nada de esa última vez que se recorre el camino entre una cuidad y un cerro.
Y qué se hace con la novia tan bella y que recorre ahora las calles con ojos de sonámbula.
Que otra cosa sino pedir perdón por haber construido una casa en la que tal vez faltó el sillón donde los amigos pudieran llorar sin decir nada. Perdón porque en la última conversación y como siempre hablamos demasiado de nosotros mismos. Por haber hecho de nuestra casa un lugar frío en el que encontrar el último disco o libro de moda, pero no abrigo.

Sunday, March 05, 2006



Y cuando estaba tratando de convencer a Fran de que la única solución para formar una comunidad acuática era tomarnos un barco a oriente (eran como la dos de la mañana y caminábamos por una calle del centro) nos encontramos con una casa que parecía acuario o casa de juguete. Entramos. Adentro alguien a quien no conocíamos, que dijo que vivía como un pescado nos dio café y nos prestó calcetines. Acuarios y mares como esos: que alivio.

Thursday, March 02, 2006

Vida y Obra:
A Yukio Mishima no le gustaba leer a Ernest Hemingway.

Sara imagina al kamikaze cuando fue niño. ¿A qué jugaba? A saltar la cuerda. A andar en bicicleta o patines.